Poemas XVII-XXIII

 

XVII


¿Para qué me has querido vivo

si esta vida es vida agria?

La muerte siente menos áspera,

pues en morir más vida ansío.


Y es por mi pesar la vida tan pesada,

y es por mi llorar la vida amarga,

mas no veo consuelo cuál me valga,

que no hay en tal vivir para qué valga.


Despojada vida es la que llevo

sin que en ella halle tu presencia;

despójame pues de ésta

en que vivir no espero más que en muerto.



XVIII


Cual pobre que tras del pan

reniega en andar cada día,

tal parece quien no andare

sino renegando tras de Dios;

cual que ni busca en parte

trotamundos refugiarse,

tal parece quien al señor

con fe no buscare;

pues muy poco es el hombre

que, sin sobre humano poder,

su propia senda hace.



XIX


Ni al costado de la lumbre,

mas en lo tenebroso,

se guarda el alma del impiadoso,

en que pecado luce

aun pecado más fiero,

pues en ocultarlo no quiere perdello.



XX


Que al pecado lo debido

dio quien tiene la vida,

que por tener la vida, no ha perecido,

y en él llevó consigo

a nosotros para eterna vida;

que el unigénito hijo del Dios vivo

de la muerte merecida

nos libró dando su vida.



XXI


Victoriosa surca la bóveda anublada,

y en su aleteo suspendida

sobre las aguas va mi maravilla,

que en el aire en gracia ondeaba

mientras yo tras la prisión cristalina

maravillado su vuelo contemplaba;

y el aire le resistía

mas cortaba gallardo,

por nada a su vuelo dar remanso,

y del suelo despegar liviano,

y alcanzar el cielo muy deseado.



XXII


No comprenden, o serían perfectos;

más aun, ni comprender pueden,

o con notoria fatiga,

con manifiesto esfuerzo,

laborarían por clarear sus ideas;

ansí impotencia, por los efectos,

es en ellos manifiesta;

aquellos por nada se irritan,

que de nada son distraídos;

se empeñan muy en los vicios,

y se apartan por frivolidades,

pues que sólo lo peor saben.



XXIII


Oh Señor, yo por mí nada puedo,

mas porque te ruego:

“obra en mí, oh Señor,

para que sea yo capaz”,

y cumples, puedo.

A mis acechadores la vida debo,

que en gozo del Señor

dolor de muerte hicieron,

para mayor alabanza de Dios;

socavaron los cuales mi confianza,

y así mayor ansia,

más abundante anhelo,

hubo en mí de tu palabra

y muy pedido consuelo.

Oh Señor, ¿qué por mí cuenta

sino estropear la bella senda

que con tus sufrimientos consagraste?

¿Qué soy más que desvío

sin tu luz en mi camino,

sin que mi carne la anime el Espíritu?

Pero he aquí te suplico,

pues soy sólo desvío,

entres tu espíritu en mi carne,

e ilumine tu palabra mi camino.

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Verte quisiere

Verte quisiere mi alma en pena, que penando espera en brazos tenerte; mi alma en pena verte quisiere, que esperando pena por no tenerte.