Defensa del idealismo

 

Dueño de una inteligencia codiciable fue Berkeley entre nuestros filósofos. ¿Qué podríamos conocer mientras se mantenga la mente vacía? En absoluto nada si no percibimos las ideas. ¿Y qué son las ideas? Aquello cuya entera existencia consiste en ser percibido por el espíritu o mente. Me refiero a los objetos que sensiblemente se pueden percibir, ya que estos son los únicos que se presentan a la mente, o la cualidad de ser un objeto sensible es igual que poder estar presente ante la mente.

Luego de un ligero examen de las ideas, se reconoce que ninguna cosa en la idea hay que no sea patente para el espíritu. Así se descubre que las ideas carecen del poder para producirse y conservarse por sí mismas, y tampoco son capaces de dar origen a otras ideas. Por tanto, alguna cosa ha de tener el poder de hacer y conservar las ideas; y lo que tiene tal poder, o es tal poder, es el espíritu. He aquí, percibir la idea es hacer existir la idea; que la idea existe significa que el poder de hacerla existir, la hace existir. De esta manera, afirmar que la idea existe sin ser percibida es una fragante contradicción; y afirmar que la idea existe en aquello que es incapaz de hacerla existir, es una contradicción igualmente evidente. La idea no puede existir fuera del espíritu, así como no podría subsistir sin que el ser que la hace existir, la haga existir.

La claridad de la razón es la madre de todas las ciencias. En un error creer que la idea es una cosa de cierto tipo y no la denominación de ente en general. En efecto, no se designa a una cosa la clasificación de ser idea mediante la oposición con otra especie de cosas, al contrario, con la palabra idea nos referimos al ente en general, que es lo creado, temporal y no eterno, que tiene principio y duración.

Los idealistas decimos que el espíritu hace existir a la idea por el acto de percibirla. Ahora bien, por idea sólo concebimos la noción universal de lo que es traído a la existencia por el espíritu; y entendemos por espíritu sólo la acción por la cual llega a existir la idea. Dicho en síntesis, la idea no es más que la cosa que existe por el acto que la hace existir. Asimismo, la noción de espíritu goza de semejante universalidad, pues no es más que la acción por la cual lo que se hace, se hace. Además, llamamos percepción a la mera acción espiritual que hace ser a algo; pero cuando la percepción se considera en relación a todo el curso del tiempo, se la denomina poder para traer cosas a la existencia. Y puesto que hacer existir algo es crearlo, el espíritu y la percepción son creación, pero también conservación, pues conservar es volver a traer algo a la existencia en los siguientes instantes. Ciertamente, la condición propia de todas las cosas creadas es que no son eternas, sino temporales, y tienen un comienzo y duración.

Si la acción de hacer existir se lleva a cabo fuera de la substancia y se diferencia de ésta, entonces dicha acción no es atribuible a la substancia, tanto que en verdad la substancia no realizaría tal acto y, en cambio, sería inerte en esencia. Pero en cuanto la substancia se equipara con el acto, entonces resulta realmente activa.

La única noción satisfactoria de substancia es que debe ser plenamente el acto de hacer existir. Si no, ¿cómo existirán las cosas en ella, sin que las haga existir? De cierto que sin identificarse con el acto de poner algo en la existencia, jamás la substancia a nada haría existir.


Lauriano García Tuttolomondo. (2026).

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Verte quisiere mi alma en pena, que penando espera en brazos tenerte; mi alma en pena verte quisiere, que esperando pena por no tenerte.